domingo, 25 de marzo de 2012

Rig Veda

Antes del reinicio del Universo no había inexistencia ni existencia.
No existía la Tierra ni su atmósfera ni el cielo que está más allá.
¿Qué PODER oculto?
¿Dónde?
¿Protegido por quién?
¿Había agua allí, insondablemente profunda?
No había muerte ni inmortalidad entonces.
Ningún signo distinguía la noche del día.
UNO SOLO respiraba sin aliento por su propio poder;
más allá de eso nada existía.
En el principio la oscuridad escondía la oscuridad.
Todo era agua indiferenciada y fría (se refiere a que las partículas o átomos, al estar fríos -273º, estaban en estado líquido).
Envuelto en el vacío, deviniendo, ese UNO surgió por el poder del calor.
El orden y la verdad nacieron del calor encendido.
De allí nació la noche y el encrespado océano. Del encrespado océano nacieron el Año Solar y el Lunar, ordenadores de los días y las noches, regidores de todo lo que parpadea.
El creador hizo uno después de otro al Sol y a la Luna, al cielo y a la tierra, a la atmósfera y también a la luz.

El deseo descendió sobre eso en el principio, siendo la primera semilla del pensamiento.
Los sabios, buscando con inteligencia en el corazón, encontraron el nexo entre la existencia y la inexistencia; su cuerda se extendió a través.
¿Había un abajo?
¿Había un arriba?
Había procreadores:
Había potencias.
Energía abajo: Impulso arriba.

¿Quién sabe realmente?

¿Quién puede proclamar aquí de dónde procede, de dónde es esta creación?
Los dioses vinieron después; ¿quién sabe, entonces, de dónde surgió?

Esta creación, ¿de dónde surgió?

Quizás fue producida o quizás no.

El que la vigila desde el cielo más alto, Él sólo lo sabe;
O quizás no lo sabe.

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